Scuffet gana su apuesta

Scuffet gana su apuesta

Simone Scuffet nació en la misma región italiana que Dino Zoff: el Friuli. ¿Habrá sido esa mítica figura, el capitán del equipo campeón del mundo en España 1982, la principal influencia sobre la decisión del joven de hacerse portero?

No, no fue exactamente eso. La referencia de Zoff queda muy lejos para alguien que nació en mayo de 1996, casi dos años después de que Roberto Baggio fallara aquel infausto penal en la final del Mundial de Estados Unidos. En realidad, para el joven figura de la Azzurra en Emiratos Árabes Unidos 2013, quien primero lo inclinó hacia ese oficio muchas veces ingrato fue un guardameta mucho más modesto, un anónimo del ramo: Fabrizio Scuffet. Para el dorsal número 1 del combinado sub-17 italiano, “papá”.

“Mi padre era portero cuando empezó a interesarme la idea de jugar al fútbol. Por eso me atrajo esta vida”, recuerda a FIFA.com Simone, que de pequeño solía acompañar a su progenitor en sus desplazamientos deportivos. Aunque nunca iba muy lejos: “Él sólo jugaba en ligas de aficionados, nada de profesionales”.

De tal portero, tal parada
Scuffet hijo, a sus 17 primaveras, ya figura en la lista del sitio oficial del Udinese como uno de los porteros del primer equipo, al lado del serbio Zeljko Brkic, 10 años más veterano. No es frecuente ver a un arquero tan joven en un club del calcio, y mucho menos en uno que está acostumbrado a pujar por las plazas europeas.

Ahora bien, a quienes vieron al chaval en acción durante los duelos del Grupo B en el estadio de Ras al-Jaima, seguro que no les sorprende lo más mínimo. Salvó goles más que cantados, parando penales, trallazos desde larga distancia y, lo más impresionante de todo, remates a bocajarro de los atacantes contrarios, haciendo gala de unos reflejos y una elasticidad de cine de animación. Y no fue un recital aislado: es un patrón de conducta que Scuffet ha mantenido al menos desde el campeonato europeo de la categoría, donde Italia quedó segunda.

“En la Eurocopa sufrí pocos goles, pero eso también se debe a que tengo una defensa muy compacta por delante, con un sistema bastante hermético”, explica. “Claro que estoy orgulloso de haber registrado ese rendimiento, pero espero mejorarlo”.

No se puede negar que el balance de la retaguardia italiana en esta categoría de edad está resultando muy respetable. En el torneo continental, sólo consintió dos goles en cinco partidos. En los Emiratos, lleva otros dos en contra en tres encuentros. Los dos tantos se los concedió a Uruguay, después de haber aguantado 180 minutos imbatido ante Costa de Marfil y Nueva Zelanda.

Fue ante los All Whites, además, que Scuffet realizó su primera gran intervención en el certamen, al detener una pena máxima lanzada por Monty Patterson en el primer tiempo. Según su versión, hizo la parada para redimirse de lo que considera haber sido un fallo suyo: “Me sentí culpable por haber hecho el penalti. Así que decidí que tenía que pararlo, para arreglar el desaguisado. Habría estado muy feo dejar al equipo en una situación de partida tan desventajosa”.

Hora de llamar la atención
La atajada más impresionante, sin embargo, vino justo después. En la primera, el italiano adivinó las intenciones del lanzador y se tiró hacia el costado derecho. El problema fue que el esférico salió rebotado de su mano hacia la izquierda, quedando de nuevo a merced de Patterson, pero esta vez dentro del área pequeña. Fue entonces cuando el meta se levantó como un rayo y volvió a frustrar el remate del neozelandés.

“En cuanto me di cuenta de que había despejado el balón pero sin atraparlo, miré hacia dónde había salido despedido. Cuando vi que el delantero estaba en condiciones de volver a chutarlo, intenté recuperarme lo antes posible para cerrar la portería”, relata el azzurro, admirador del esloveno Samir Handanovič, exarquero del Udinese actualmente en el Inter. “Con él aprendí muchas cosas, muchos detalles y secretos acerca de cómo colocarme”.

Contra Uruguay, la meta italiana fue por fin perforada, pero no por falta de diligencia de su cancerbero. De no haber sido por la agilidad y la concentración de Scuffet ante los talentosos artilleros de la Celeste, la remontada de 2-1 podría haber sido bastante más voluminosa. En el primer gol, Simone hizo todo lo que pudo, pero el cabezazo de Joel Bregonis fue incontestable. Ahí no hubo culpas que expiar.

Esos momentos pueden ser de una frustración intensa para cualquier guardameta. Simone confía en que ese tipo de sensación será cada vez más raro. En eso coinciden los integrantes de la delegación italiana en la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA, porque Italia parece contar con otro arquero de padre y muy señor mío, aunque nadie pueda establecer comparaciones aún con Dino Zoff. Simone, en cualquier caso, ya ha conseguido superar a aquel tal Fabrizio. “De chaval aposté con mi padre sobre quién de los dos sería mejor portero y llegaría más lejos”, nos cuenta de buen humor. “Creo que ya le he ganado esa apuesta”.

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